La sardina mantiene a raya el colesterol, protege los huesos y está cargada de vitaminas y antioxidantes, es fuente de vitaminas como la D, la A, la B1, la 12 y la 6, y minerales como el cálcio o el fósforo. Además, este pescado es rico en proteínas de alto valor biológico, con abundantes aminoácidos esenciales, como la lisina, la metionina y la treonina.